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CICLO DE CONFERENCIAS: ANTROPOLOGÍA FORENSE Y DERECHOS HUMANOS EN LATINOAMÉRICA

VERDAD Y JUSTICIA PARA LA GENERACIÓN DEL BICENTENARIO Y PARA TODO EL PAÍS

Primer Ciclo de Conferencias Internacionales sobre Antropología Forense. Conferencistas, fechas y temas.

Primer Ciclo de Conferencias Internacionales sobre Antropología Forense

A 100 DÍAS DEL INICIO DE LA CUARENTENA, ES MOMENTO DE PENSAR EN LAS PERSONAS


Reflexiones desde la Casa de la Memoria de Huancavelica

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 24 oct 2010   Posted by epafperu


Columna de Renzo Aroni, Historiador del EPAF, que salió la semana pasada en NoticiasSer.pe. Renzo es el encargado del Área de Memoria en EPAF y se dedica a investigar casos de desaparición forzada del conflicto armado interno. (Foto por Jonathan Moller) “Mamacita: No te preocupes estoy bien no me han maltratado, pero seguro hoy día me van a interrogar. Anda donde mi directora y dile que te ayude, porque la hija de doña Emma es fiscal. Sácame pronto mami. Esta papeleta no se lo muestres a nadie, porque comprometerías a mi amigo… Hvca 07-07-89”. Estas palabras están escritas en una papeleta colocada junto a varias fotos de personas desaparecidas en los ambientes de la Casa de la Memoria de Huancavelica, inaugurada el 28 de agosto (1). Firma José Alfredo Ayuque Suárez, desaparecido junto con Temistocles Cusi Riveros y Javier Rafael Crispín Colina, por miembros del Ejército Peruano (EP) de la Base Militar Santa Teresita de Huancavelica. Fueron detenidos brutalmente en la casa de Temistocles, el 2 de julio de 1989, cuando realizaban un trabajo sobre el “desarrollo cognoscitivo y porcentual en la segunda infancia”, que debían presentar en el Instituto Superior Pedagógico de Educación Física. Eugenia Suárez Villafuerte, madre de José Alfredo, buscó respuesta sobre su paradero en  dependencias policiales y militares. Fue a la Casa Rosada reiteradas veces. Le negaron su Derecho a Saber. Fue a buscar a la hija de “doña Emma” (2), que era Fiscal y “le pedí –dice Eugenia– que me ayude porque mi hijo estaba detenido en la base [militar] y me dijo: no veo esos casos, y me votó”(3). Unos días más tarde durante el izamiento de la bandera en la Plaza de Armas, a pesar de que se sentía “destrozada y muerta en vida”, Eugenia se armó de valor y se acercó a un soldado, para preguntarle si había detenidos en la base. El soldado le respondió: “¿Señora es Ud. enfermera?”. Ella le dijo: “Sí, soy la señora Eugenia”. A lo que el soldado respondió: “Tengo un encargo para Ud. Deme su dirección, que mañana voy a su casa a las 3 de la tarde”. El soldado llegó a su casa a la hora indicada del 9 de julio de 1989 y le entregó la papeleta.  Eugenia la leyó y se puso llorar. Le preguntó al soldado sobre las circunstancias en que su hijo escribió la papeleta. Le dijo que su hijo escribió la nota con las manos amarradas y tirado en el suelo. El soldado también le dijo que a Temistocles Cusi Riveros “lo han matado el día siguiente…porque no ha resistido los golpes” y refirió que lo habían enterrado en la comunidad de Callqui en las afueras de Huancavelica. Antes de despedirse, el soldado le confesó que en la detención de su hijo y los otros muchachos participaron el Sub-Oficial de Tercera EP Jaime Yance Gamboa y el Teniente EP Damián Huamán, apodados “Cobra” y “Puma”, respectivamente. Luego de este encuentro, Eugenia, nunca más volvió a ver al soldado (4). Es difícil no involucrarse en las historias de los familiares de víctimas por desaparición forzada y de otras violaciones a los derechos humanos. Tomar distancia es imposible. La indiferencia no viene al caso si el compromiso es humano. ¿Por qué los Detenidos-Desaparecidos no forman parte de la batallas por la memoria en el Perú? ¿Qué acciones se han iniciado para problematizar el tema y la experiencia en vida de los familiares? Casi nada. Por ello quiero plantear algunas reflexiones desde dos dimensiones útiles para aproximarnos al problema: a) Dimensión humana: La experiencia de los familiares y su larga lucha por la búsqueda y recuperación de los restos mortales de sus seres queridos. Son más de 25 años. Están muertos porque los han matado. Pero no sabemos dónde se encuentran los cuerpos. Los últimos reportes fijan que hay más de 15,000 desaparecidos y la cifra sigue creciendo. También, se calcula que existen más de 4,600 fosas; lo que indica que sus cuerpos estarían en estos lugares de entierro no convencional, que se encuentran en su mayoría en las zonas rurales, y el Informe Final de la  CVR señala que el 74% del total de desaparecidos son quechua hablantes. b) Dimensión política: No hay iniciativas para incorporar en la agenda nacional ni voluntad política del gobierno, debido a que el Estado es el principal responsable de las desapariciones forzadas entre 1980 y 2000 (5). Por eso el gobierno peruano se resiste a adherirse a la Coalición Internacional contra las Desapariciones Forzadas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) (6). Pensar la memoria de la violencia política en el Perú, debe considerar la memoria de los desaparecidos y la solución al duelo permanente de los familiares. Por ello iniciativas como la Casa de la Memoria de Huancavelica que recogen estas batallas por la memoria y justicia en el Perú deben ser conocidas. Huancavelica, notas de visita, 28 de agosto de 2010 Después de participar en la misa, el izamiento de la bandera y la ceremonia de discursos, ingresamos a la Casa de la Memoria, ubicada en Los Portales, Plaza de Armas 2do. Piso. Los familiares de víctimas, en su mayoría mujeres -algunas vestidas de luto- llevaban las fotos de sus seres queridos en cuadros recordatorios. Cuando me acercaba a la puerta de ingreso vi a una mujer de avanzada edad, agachada, envolviendo un cuadro con una tela blanca, que luego envolvió con otro tejido colorido, y finalmente con una típica manta huancavelicana, convirtiéndolo en un qipi o carga, para llevarlo en la espalda. La mujer llevaba un sombrero gris y un abrigo de color verde, debajo una chompa roja, y una falda verde oscura. Dejé que ella ingrese primero, y la acompañé en el recorrido, sin que ella se diera cuenta. En el primer ambiente las paredes muestran imágenes de la violencia política acompañados de largos textos del Informe Final de la Comisión de la Verdad (CVR). Para entrar al segundo y tercer ambiente, bajamos por la puerta del fondo a la mano izquierda, por una escalera de cuatro peldaños. Siguen más fotos y una enorme maqueta -al medio de la sala- que recrea las escenas de la violencia política y que mi acompañante sólo atina a ver con el rostro entristecido. El tercer ambiente es mucho más pequeño, pero es el más interesante y conmovedor. En el recinto están las fotos de los desaparecidos, una cruz de piedra y el velatorio para dejar flores y velas. Las fotografías están acompañadas de notas y descripciones breves de las fechas, lugares, circunstancias de la detención-desaparición, como el caso de Alberto Huamán Paitan, hijo de María Paitan Espinoza, la mujer que tantas veces envolvió la foto de su hijo y que llevaba en su qipi. María me cuenta en quechua –casi no habla castellano– sobre la desaparición de su hijo Alberto, que trabajaba como vigilante en Electro Centro y estudiaba por las noches en el Colegio Ramón Castilla. Fue detenido en una leva y trasladado a la Base Militar de Santa Teresita en 1993 y desde ese entonces está desaparecido. María se encontraba en su estancia de la puna, y lo que sabe es lo que le contó un familiar. Mientras hablo con María se me acercan más mujeres -con mucha inquietud- a contarme y de alguna manera procesar su dolor, mientras me enseñan las fotos de sus desaparecidos: Manuel Guevara Sánchez, Edgar Martínez Gómez, Ángel Escobar, Víctor Laurente, Lucho Manrique, Ronald Rojas Muños, entre otros. Tampoco María deja de llorar: “Ñawiypas nananmi, maypiraq Alberto. Tariruyman cuerpuchanta” (“Hasta mis ojos duelen ¿Dónde estarás Alberto? Capaz encontraría su cuerpo”), dice con un sufrimiento que se nota en su rostro encogido y en sus manos callosas. A los familiares de los desaparecidos sólo les acompañan imágenes, recuerdos y formas de representación íntima, como las fotos, notas, diarios, etc. La Casa de la Memoria puede cumplir la función de lugar de conmemoración para las víctimas desaparecidas. Las fotos, la cruz, el velatorio, el espacio en conjunto, son apreciados como lugares para la ritualidad, -sustituyendo a la tumba- donde pueden acudir y dejar flores, para tener conexión afectiva con su ser querido. Los familiares siguen aguardando la posibilidad de que sus seres queridos aparezcan. Ellos y ellas no saben si están muertos o vivos, pero sienten que están presentes en la cotidianidad de sus recuerdos. Hasta en las “memorias oníricas” (7): cuando aparecen en sus sueños. María siempre sueña con Alberto: “Sueño mucho a mi hijo, siempre me dice que va a volver de su trabajo, que no esté triste”, refiere. Otra mujer me dice: “Siempre lo estoy soñando dice que está vivo, llega a mi casa, cuando le pregunto que ha desaparecido, me dice que está vivo, cuando lloro mucho me consuela, así, se me aparece el sueño y me pregunta por sus hijos”. Imaginan que si están muertos se encuentran en alguna fosa y que existe la posibilidad de encontrar sus restos para realizar una sepultura adecuada y darles la despedida final. Porque la muerte es la continuidad de la vida y el ritual del entierro y las conmemoraciones, armonizan la existencia humana entre la vida y la muerte. Este es el drama que aún no terminan de procesar. Para los familiares es muy difícil aceptar un proceso aún no concluido. Su Derecho a Saber: “Quiero conocer la verdad, quiero encontrar su cuerpo de mi hijo, si está muerto, si está vivo, ¿hasta dónde puedo llegar para verlo?”, se pregunta María y sigue en el limbo de la incertidumbre. Reflexiones desde la Casa de la Memoria de Huancavelica La Casa de la Memoria en Huancavelica, así como otros espacios de memoria, no son solamente representaciones de experiencias del dolor, la pérdida o la desaparición del ser querido, sino, también son formas de reconocimiento y conmemoración a las víctimas y a sus familiares por la violación de sus derechos humanos. Que estos lugares alcancen a cumplir su propósito original y que puedan ayudar a preservar la memoria y trasmitir a las futuras generaciones sería su función pedagógica. Ahora bien ¿en qué medida los activistas por la memoria, los familiares de las víctimas, las autoridades locales, los vecinos, la población en general, se identifican con estos propósitos? Sin duda construir Casas o Museos de la Memoria en regiones pobres, donde la guerra generó más pobreza la batalla no es solo por la memoria, justicia y verdad, sino también por el derecho al desarrollo humano integral. Así lo afirma el presidente de la Asociación Departamental de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Asesinados por la Violencia Subversiva en Huancavelica (ADFADA), Alejandro Crispín Fernández: “Nosotros necesitamos; primero, la verdad y la justicia, y la reparación; segundo, que los gobiernos tomen cuenta de hacer proyectos productivos que estén a la necesidad de cada habitante que haya sido pues descapitalizado, para que  salgan de esta extrema pobreza, que se debe a los efectos de la violencia política. Porque a muchas personas las han matado: sus padres, sus hijos los han desaparecido. Después de matarlos, se llevaban sus ganados, y no dejaban para sobrevivir. Dejaban en total pobreza. Han perdido a su familiar. Han perdido su capital. El Estado no sabe comprender o no quiere comprender. La pobreza en Huancavelica no se va a eliminar así no más. Tiene que haber apoyo en temas productivos, apoyo para la microempresa. Con un asistencialismo no se va a salvar”, sentenció, criticando los programas sociales  “Juntos” y “Crecer”. Para concluir, quizá el lema: ¡Por la memoria y desarrollo! sea la voz en las negociaciones a favor de la memoria de la violencia política en el Perú, sin descuidar las necesidades y los intereses de quienes son los supuestos beneficiarios de los proyectos de memorialización. Sino, seguiremos escuchando voces como la de una mujer que participó en la inauguración de la Casa de la Memoria de Huancavelica: “No nos favorece en nada, no hay apoyo, nada, mentira. Más bien han puesto esto para que nos veamos triste. Esto es para tristeza. Ya quisiéramos olvidar. Es en vano. Si no hay nada”. De hecho, el significado de estos lugares de memoria y el pasado de la violencia es diferente para cada actor social. Tal vez, ella no tiene un familiar muerto o desaparecido. Y si lo tiene ya no desea recordar. No desea seguir reviviendo el trauma de su experiencia. Ya no quiere seguir viviendo el dolor. Tal vez su esperanza de verdad, justicia, reparación, se convirtió en desencanto. Sin embargo esto no significa que no debamos reconocer el esfuerzo de las instituciones que han participado de esta iniciativa: la Asociación Departamental de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Asesinados por la Violencia Subversiva en Huancavelica (ADFADA), la Consejería de Proyectos (PCS); y la Municipalidad Provincial de Huancavelica. Su decisión, es una muestra de cómo desde los familiares de víctimas, autoridades ediles y gubernamentales, la sociedad civil y la comunidad internacional, se unen voluntades políticas para construir la memoria de un trauma colectivo para el presente y el futuro de la historia y memoria de nuestro pasado reciente. Notas: 1. El pasado 28 de agosto de 2010, asistí junto con mi colega Percy Rojas a la inauguración de la Casa de la Memoria de Huancavelica como representantes del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF). 2.  Emma Vargas Benavides, ex-congresista por Huancavelica y ex-vicepresidenta del Partido Popular Cristiano (PPC). 3. Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo (CI-DP). Testimonio CVR 314008: Eugenia Suarez Villafuerte. Agradezco a Karina Fernández, historiadora y archivera del CI-DP, por brindarme una copia del relato del testimonio de Eugenia Suarez Villafuerte. 4. CI-DP. Testimonio CVR 314008. 5. Según las conclusiones del Informe Final CVR, el 60% de los desaparecidos son atribuidos a las fuerzas policiales y militares, y el 6% a los marinos. La mayor incidencia de esta práctica se concentró en el campo. Y la mayoría de víctimas fueron jóvenes relativamente educados, percibidos como grupos de apoyo a la acción subversiva. La región de Ayacucho fue la más afectada, seguidos por Huancavelica, Huánuco, Apurímac, Junín. 6. La Coalición Internacional contra las Desapariciones Forzadas (ICAED) es una red mundial de organizaciones de familiares de desaparecidos y organizaciones no gubernamentales que trabajan en contra de la práctica de las desapariciones forzadas. En el Perú el Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) forma parte de ICAED (http://www.icaed.org/the-coalition/). 7. Sobre los sueños en la guerra y sus significados, véase Arianna Cecconi, “Parecía todo un sueño…”. Resumen de la tesis doctoral: “I sogni vengono da fuori: una etnografia della notte sulle Ande Peruviane”. Departamento de Antropología de la Universidad de Milán. Fecha de consulta, 12 de octubre de 2010. Disponible en: http://www.revistargumentos.org.pe/index.php?fp_verpub=true&idpub=114

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